Acciones y el caos global

Acciones en máximos pese al caos global

Hay algo que desafía la intuición cuando se observan los mercados financieros en tiempos de conflicto: mientras las noticias muestran imágenes de guerra, tensiones geopolíticas y crisis humanitarias, los índices bursátiles no solo resisten, sino que en muchos casos alcanzan niveles nunca vistos. Este fenómeno, aparentemente contradictorio, tiene explicaciones sólidas y plantea una pregunta fundamental para cualquier persona con ahorros: ¿es un buen momento para invertir?

El mercado no es el mundo

El primer error conceptual que comete la mayoría de los inversores novatos es asumir que la bolsa refleja con fidelidad la situación global. No lo hace. Los mercados financieros son mecanismos de descuento del futuro, no fotografías del presente. Lo que cotizan hoy es lo que los participantes del mercado esperan que ocurra en los próximos meses o años, no lo que está sucediendo en este momento en una zona de conflicto.

Cuando estalló la guerra en Ucrania en 2022, los mercados cayeron inicialmente con fuerza. Sin embargo, en cuestión de semanas comenzaron a recuperarse, y a lo largo de los meses siguientes muchos índices retomaron su tendencia alcista. El mercado había procesado el shock, evaluado las consecuencias económicas reales y decidido seguir adelante. La historia se ha repetido decenas de veces a lo largo del siglo XX y XXI: Pearl Harbor, la Guerra de Corea, Vietnam, el 11 de septiembre, la invasión de Irak. En casi todos los casos, las caídas iniciales fueron seguidas de recuperaciones.

 

El temor a una recesión en EE UU desata una tormenta en las Bolsas mundiales | Economía | EL PAÍS

 

Las razones estructurales del alza

Existen al menos tres factores que explican por qué las acciones tienden a subir incluso en entornos geopolíticamente adversos.

El primero es la política monetaria. En épocas de guerra o incertidumbre severa, los bancos centrales suelen adoptar posturas más acomodaticias o, al menos, evitan endurecer las condiciones financieras de forma brusca. El dinero barato fluye hacia los activos de riesgo, incluidas las acciones, porque las alternativas de renta fija ofrecen rendimientos poco atractivos.

El segundo factor es el gasto gubernamental. Los conflictos bélicos, por dolorosos que sean, generan una demanda extraordinaria de bienes y servicios: defensa, energía, infraestructura, tecnología. Las empresas vinculadas a estos sectores ven crecer sus ingresos, y ese crecimiento se refleja en sus valoraciones bursátiles.

El tercero, quizás el más subestimado, es la resiliencia de las empresas multinacionales. Los índices bursátiles de países desarrollados están compuestos en gran parte por compañías que operan en docenas de países. Una guerra en una región específica afecta a sus operaciones locales, pero raramente amenaza su modelo de negocio global. La diversificación geográfica protege a estas corporaciones de shocks regionales.

 

El gasto gubernamental

 

El papel de la liquidez global

Otro elemento que no puede ignorarse es la cantidad de liquidez que sigue circulando en el sistema financiero mundial. Tras años de políticas expansivas por parte de los principales bancos centrales, existe una masa de capital que necesita encontrar rendimiento. Cuando el miedo geopolítico genera ventas temporales, este capital espera en los márgenes y recompra a precios más bajos, sosteniendo así los mercados con mayor rapidez de lo que muchos esperan.

Este fenómeno es visible con claridad en índices de referencia global. El seguimiento de indicadores como el s&p 500 a lo largo de décadas muestra que, a pesar de guerras, pandemias y crisis financieras, la tendencia de largo plazo ha sido consistentemente alcista, recompensando a quienes mantuvieron sus posiciones en lugar de capitular ante el pánico.

¿Es entonces un buen momento para invertir?

Esta es la pregunta que más importa a quien está leyendo este artículo con dinero en el bolsillo y dudas en la cabeza. La respuesta honesta es que depende, pero con matices importantes que inclinan la balanza hacia el sí para el inversor paciente.

En primer lugar, intentar predecir el momento exacto de entrada, lo que en el argot financiero se llama market timing, es una estrategia que ha demostrado fracasar incluso para los gestores profesionales. Numerosos estudios académicos han concluido que perder los diez mejores días del mercado en una década puede reducir el rendimiento total a la mitad. Y esos días suelen llegar de forma inesperada, muchas veces justo después de los momentos de mayor pesimismo.

En segundo lugar, los máximos históricos no son, por definición, malos puntos de entrada. Contrariamente a la intuición popular, invertir en máximos históricos ha producido, estadísticamente, rendimientos similares o incluso superiores a invertir en cualquier otro momento del ciclo. La razón es simple: los máximos históricos tienden a ser seguidos por más máximos históricos.

En tercer lugar, el horizonte temporal lo cambia todo. Para alguien con un horizonte de inversión de diez años o más, las guerras actuales, por graves que sean, son probablemente ruido estadístico en la curva de rentabilidad de largo plazo. El riesgo real no está en invertir durante una guerra; está en no invertir nunca y dejar que la inflación erosione silenciosamente el poder adquisitivo del ahorro.

 

Saber cuándo invertir

 

Una advertencia necesaria

Nada de lo anterior implica que invertir sea sencillo o que no existan riesgos reales. Una escalada geopolítica que afecte al comercio global, al suministro energético o a las cadenas de producción puede tener consecuencias económicas severas. La diversificación, la gestión del riesgo y la adecuación de las inversiones al perfil de cada persona siguen siendo principios fundamentales que ningún optimismo bursátil debería desplazar.

Invertir sin conocer el propio apetito por el riesgo, sin un colchón de liquidez y sin un horizonte claro es una apuesta, no una estrategia.

 

Los mercados alcanzan máximos históricos en tiempos de guerra porque los mercados no son el mundo: son una apuesta sobre el futuro, y el futuro, históricamente, ha tendido a ser mejor que el presente más oscuro. Para el inversor disciplinado, con visión de largo plazo y tolerancia al ruido, los momentos de incertidumbre no son necesariamente una señal de huida, sino, paradójicamente, una de las mejores oportunidades que los mercados ofrecen.

Back To Top